jueves, 9 de junio de 2016

Japón 2014. Hiroshima


Tan sólo dos horas ha tardado el tren Sakura en cubrir la distancia entre Kumamoto e Hiroshima. Hoy llueve; así que sacamos los paragüas y, con las maletas a remolque, nos encaminamos al hotel Urbain Central Hiroshima. Gracias a las cuatro ruedas de las maletas, y a lo nivelado de aceras y pasos, no ha sido demasiado incómodo.

Esta habitación es la más pequeña que hemos tenido hasta ahora; al principio resulta bastante claustrofóbica, ya que ni siquiera hay espacio para colocar las maletas bajo la cama; sin embargo es limpia y todo está en perfecto estado, hay cantidad de accesorios a disposición de los clientes, y cuando conseguimos acoplar todo de la mejor manera posible empezamos a estar más a gusto.

Al día siguiente el tiempo ha cambiado; luce el sol y hace mucho calor. Pasamos la mañana visitando la zona más relacionada con el bombardeo de Hiroshima del 6 de agosto de 1945; multitudes, especialmente colegios, visitan estos lugares hoy.


La cúpula de la Bomba Atómica (Genbaku) es el edificio más próximo al epicentro de la explosión que quedó en pie tras el bombardeo; se ha conservado como recuerdo y testimonio en contra de las armas nucleares y actualmente es Patrimonio de la Humanidad. En la otra orilla del río Ota hay un gran espacio verde: el parque Heiwakinen, donde se ubican otros monumentos.


Una riada de colegiales de varios centros van y vienen por todas partes. Frente al Monumento de la Paz de los Niños los grupos se van turnando para cantar emotivas canciones, dejando luego su ofrenda de "mil grullas de papel" en recuerdo de Sadako, la niña que enfermó de leucemia a causa de la radiactividad sin conseguir terminar las mil grullas de origami con las que pensaba salvarse de la muerte.



Es costumbre hacer sonar esta Campana de la Paz, una manera de expresar el deseo de una paz mundial; cualquiera puede hacerlo, solamente hay que guardar el turno.


El Cenotafio Conmemorativo se inauguró en 1952, en el 7º aniversario de la caída de la bomba atómica.


Es una gran urna de piedra, protegida bajo un arco, que contiene los nombres de las personas, sin distinción de nacionalidad, que murieron a causa de la bomba; bueno, no de todos en realidad, solamente los de aquéllos cuyos familiares quedaron vivos para registrar su fallecimiento. La inscripción tallada en el cenotafio: "descansad en paz; el error jamás se repetirá", expresa un conmovedor convencimiento de que la Humanidad no será tan loca como para repetir tal holocausto...


El Museo de la Paz es más grande que el de Nagasaki y tiene bastante más contenido; apunto que tiene wifi abierto y gratis. La impresión que nos causó ver lo que encierra el museo queda reflejada en esta entrada que escribí poco después: Creadores de sombras Si estáis interesados podéis leerlo pinchando el enlace. 


Tras la visita damos una vuelta por las calles cercanas. En una galería comercial subterránea hemos tomado unos ricos batidos de fruta preparados en el momento, pues ya es la hora de la merienda y no hemos comido; describir el lugar como "galería subterránea" puede inducir a error, sugiriendo un lugar muy diferente a ese enorme complejo poblado de cafeterías, comercios, y con entrada a los grandes almacenes Sogo.

La planta baja de Sogo es todo un descubrimiento: tiene un tentador surtido de dulces con un aspecto de lo más apetitoso, delicatessen diversos, y puestos con cuidadas exposiciones de alimentos desde frutas a carne y pescado. Felizmente también hay comida preparada para llevar; pollo frito, boquerones también fritos y regados con una rica salsa, sandía, tomates cherry... ¡y pan!. Hoy cenaremos como reyes.


En la planta alta, además de varios restaurantes con esos escaparates llenos de reproducciones realistas de los platos que ofrecen, hay conexión abierta a Internet; lo aprovecho un rato, ya que el del hotel no funciona.


También me ha llamado la atención la sección dedicada a las mascotas; especialmente los trajecitos diseñados para ellas, que bien podrían servir para cualquier bebé...


Por último una pequeña información gastronómica. La especialidad de Hiroshima es el Okonomiyaki; una especie de pizza que combina fideos con vegetales y otros ingredientes a elegir, con una fina oblea de pan de pita por encima y otra por debajo; se cocina a la plancha, y en muchos restaurantes es el propio cliente quien se lo guisa antes de comérselo. Lo hemos probado en un pequeño restaurante, aunque en este caso el cocinero-camarero ha sido el encargado de la preparación, ¡menos mal!. Está bueno y llena cantidad; quizás para la próxima vez sea mejor pedir uno para los dos...

martes, 7 de junio de 2016

Japón 2014. Monte Aso


Hoy nos proponemos visitar el Monte Aso, un supervolcán con una de las calderas más grandes del mundo: ¡tiene 128 kilómetros de circunferencia!. En realidad, más que la caldera en su totalidad, se aprecian los conos volcánicos que hay en su enorme interior; el más activo de todos ellos es el Naka-dake (1.506 metros de altura), el único en Japón al que es posible acceder para ver el humeante cráter en primer plano, justamente lo que queremos.

Paisaje rural, montes y bosques aparecen a la vista mientras el tren remonta la pendiente;al principio del trayecto el maquinista ha cambiado de cabina un par de veces, porque la vía hace un zig zag para salvar el fuerte desnivel. Breve parada en la estación de Akamizu; el cielo está cubierto de nubes y hace viento. A medida que nos vamos acercando a nuestro destino: la estación ferroviaria de Aso, se van perfilando los conos volcánicos que forman el corazón del macizo. Aquél del fondo, coronado por un penacho humeante, es el Naka-dake.


Un primer autobús (650 yen, sólo ida) nos sube desde la estación de Aso a la del teleférico... que hoy está cerrado; esto sucede cuando el viento arrastra los gases sulfurosos o hay mucha niebla. Junto a la estación del teleférico hay un pequeño templo, y lo que parece una tumba coronada por esta escultura.


Así que hemos hecho esta última etapa en un microbús (1.200 yen, ida y vuelta). Resulta un poco caro llegar hasta aquí; pero es cierto que merece la pena, pues la vista es realmente espectacular: un primer plano en directo de la abrupta caldera del Naka-dake, el único activo de los cinco cráteres que hay dentro de esta enorme caldera del monte Aso.


Una vez arriba, nos llama la atención encontrar una hilera de pequeños búnkers de hormigón; están allí para servir de refugio a los visitantes en caso de una pequeña erupción, cuando las rocas vomitadas por el volcán vuelan por los aires.


En algún cartel se avisa de que el acceso al cráter está prohibido en caso de erupción violenta...¡para que luego no haya quejas por falta de información, supongo!. Una barrera marca el límite hasta el cual puede uno acercarse; suficiente para echar un buen vistazo al interior del cráter.



En el fondo, cuando el viento despeja momentáneamente parte del humo, se puede ver el azufre amarillo depositado alrededor del pozo oscuro de roca.





Hay una pasarela que permite obtener otras perspectivas; incluso es posible hacer una larga marcha alrededor del volcán... eso sí, estando muy atento a la dirección del viento, ya que los gases de dióxido de azufre que emite son venenosos.



Hemos pasado un buen rato contemplando el espectáculo, y una animada pareja de jóvenes de Hong Kong nos ha tomado unas fotos juntos, de recuerdo. Pero hace un día muy desapacible y el viento sopla frío, así que al cabo de un buen rato vamos pensando ya en bajar.


De nuevo en la estación del teleférico, todavía nos toca esperar un rato al siguiente autobús; mientras tanto hemos comprado unas galletas saladas muy ricas, ya que la hora de comer, como nos sucede tan a menudo, va quedando atrás.

Ya de vuelta en Kumamoto, comemos en el mismo restaurante de la plaza de la estación que ya probamos el otro día y nos gustó. Empleamos el resto de la tarde en acercarnos andando hasta el castillo. La zona más céntrica de la ciudad, por cierto, es bastante más interesante que la del hotel; pero como hemos estado haciendo excursiones cada día por los alrededores nos la hemos perdido.


El castillo es una construcción imponente, elevada y rodeada por un gran foso con agua, en el estilo tradicional japonés. Está rodeado por un gran parque boscoso, donde también hay otras construcciones, y como va anocheciendo apenas se ve a nadie más por allí. Tomamos unas fotos desde fuera, porque ya está cerrado; con la iluminación resulta muy vistoso. Tendremos que dejar esta visita para el próximo viaje...


Nos volvemos al hotel en tranvía. Por cierto que en su interior hemos visto que hay una máquina para cambiar el dinero en monedas más pequeñas; muy conveniente, ya que el viaje se paga al salir del tranvía depositando el importe en otra máquina, el conductor no maneja el dinero (aunque te ayuda amablemente en la operación si no sabes cómo hacerlo). Y lo más sorprendente: cada viajero que abandona el vehículo es saludado cortésmente por el conductor y obsequiado con una pequeña reverencia, siempre correspondida... Pensamos, con envidia ¡qué diferente sería nuestro mundo con tan sólo la mitad de esa cortesía!.

domingo, 5 de junio de 2016

Japón 2014. Volcán Sakurajima


Desde Kumamoto, en la isla de Kyushu, también es fácil hacer una excursión a Kagoshima en el tren. Hoy el día está nublado y hay bastante calima; una pena, porque el paisaje queda apagado y grisáceo.

Kagoshima, capital de la prefectura del mismo nombre, con una población de unos 600.000 habitantes, es la mayor ciudad del sur de Kyushu. Hemos leído que está hermanada con Nápoles desde 1960, ya que guarda ciertos rasgos semejantes a la ciudad italiana: está a orillas de una bahía, goza de un clima templado y, sobre todo, tiene como peligroso "vecino" un estratovolcán, el Sakurajima, parecido al Vesubio, que se encuentra a tan sólo un par de kilómetros de la ciudad.


En la oficina turística hemos comprado los pases de transporte; el billete turístico de un día es muy conveniente: cuesta 5€ y vale para el tranvía, bus y ferry.

Nos llegamos hasta el puerto en tranvía; desde allí sale el ferry que cruza a la cercana Sakurajima; era una isla hasta 2014, cuando una gran erupción produjo las coladas de lava que ahora la unen por un itsmo al resto de Kyushu.


Desde que reanudó su actividad en 1955, las erupciones del volcán Sakurajima se han repetido cada año. En 2010 hubo más de 500; y mucho más recientemente (escribo esta entrada en junio de 2016), en febrero de 2016, hubo otra alerta importante que por fortuna no causó daños materiales en la ciudad.


Antes de emprender la subida hemos visto esta expresiva escultura. Se llama “retrato de un grito”, y conmemora un festival de música que tuvo lugar aquí en 2004; el festival tuvo mucho éxito y dejó huella, por lo que decidieron erigir este monumento como recuerdo.


La verdad es que esperábamos algo más de esta excursión. En realidad lo único que se puede hacer es tomar el autobús que bordea las faldas del volcán, parando durante unos minutos en un par de miradores. Claro que, teniendo en cuenta los cambios de humor que se gasta el volcán de vez en cuando, tampoco es raro que tomen todas las precauciones para evitar accidentes.


Este es el punto más alto que alcanza el autobús. En la explanada asfaltada, detrás de nosotros, se alza un edificio con una escalera que conduce al "mirador", unos metros por encima del suelo. Y esta es la vista más cercana que podremos obtener del volcán; la verdad es que, aún a esta distancia, parece temible, ¡y eso que hoy está tranquilo!.


Cuando nos queremos dar cuenta ya estamos de nuevo en el punto de partida, y no tardamos mucho en tomar el ferry de vuelta a la ciudad.


Aprovechamos el billete para dar un par de vueltas en el tranvía, pero tampoco hay demasiado que ver; es una ciudad moderna, de amplias avenidas y bloques de pisos, que no nos llama la atención.


Al igual que en otras ciudades japonesas, una enorme noria sobresale tras los edificios; está en los alrededores de la estación Kagoshima Chuo, en el centro comercial Amu Plaza, y tiene 91 metros de altura. Es la última imagen que nos llevamos de Kagoshima, antes de tomar el tren de vuelta a Kumamoto.

sábado, 4 de junio de 2016

Japón 2014. Nagasaki

Hace un par de días nos trasladamos más al Sur, a la isla de Kyushu. Es la tercera isla más grande del Japón, considerada como la cuna de la civilización japonesa. Su orografía es montañosa, y entre sus varios puntos de interés está el volcán activo más grande de Japón: el monte Aso, que pensamos visitar, además del volcán Sakurajima y Nagasaki.

Desde Kumamoto, donde nos hemos alojado un par de noches, es fácil llegar a Nagasaki. Hoy hacemos la excursión del día visitando esta ciudad.


Con el Shinkansen hemos tardado un par de horas. Hacemos transbordo en Shintosu, después de cambiar en Saga a un tren más rápido: un super-express que no para en todas las estaciones y al final resulta más rápido que el primero que abordamos.

A veces conviene tener un poco de paciencia y esperar un poco, en vez de abordar el primer tren que salga hacia el destino elegido; porque, aunque rápidos, algunos trenes paran en todas las estaciones y el trayecto se alarga; los más convenientes son los super-express.

El paisaje se va haciendo más bonito a medida que avanzamos; montañas cubiertas de bosque espeso, pueblos pequeños de casitas bajas, a veces una sucesión de túneles que presionan los oídos; también aparecen luminosos retazos de mar.


Nagasaki es una ciudad bulliciosa, que se extiende hacia las faldas de los montes que la rodean en barrios de casitas bajas. El centro es diferente: una sucesión de bloques de viviendas de diversos tamaños y épocas, almacenes, cables por los aires.


En la OIT de la estación compramos un pase de día para el tranvía (500 yenes/uno) para movernos fácilmente entre los puntos de interés.
Chinatown, al parecer el mayor barrio chino de Japón, se originó con la llegada de marineros y comerciantes chinos desde el siglo 15 al 19. Nagasaki era en aquella época el único puerto abierto por Japón al comercio extranjero; el resto del país permaneció cerrado para evitar las influencias occidentales y la difusión del cristianismo, hasta su apertura en 1859.


Las calle principal de Chinatown es turística, bien dotada de comercios y restaurantes; el habitual surtido de productos exóticos llena escaparates y mostradores, algunos de ellos nos llaman especialmente la atención por su delicadeza.


Hemos comido estupendamente en uno de los restaurantes chinos, el que mejor nos ha parecido. Quedamos satisfechos por 6.450 yenes, aunque a la hora de pagar hemos tenido que hacerlo en metálico porque las tarjetas no funcionaban... ¿culpa de la máquina o de una cajera desconfiada?.


Dejima, en tiempos una isla artificial en la bahía de Nagasaki, les fue concedida a los holandeses como base para sus operaciones comerciales. Para hacerse acreedores a tal concesión, en una época en que Japón estaba cerrada al resto del comercio extranjero, no dudaron en demostrar su lealtad al shōgun disparando contra los cristianos durante la rebelión Shimabara...


Actualmente, Dejima es un enclave vallado con aires de otro tiempo, donde las casas de madera de estilo europeo se han conservado para la visita turística. Como tenemos otras prioridades para las pocas horas disponibles solamente les echamos una mirada desde el exterior.


El templo chino Sofuku-ji tiene una bonita puerta exterior, varios pabellones en torno a un patio y algunos rincones con tumbas. La puerta de entrada de color rojo y otras estructuras en los recintos son raros ejemplos de la arquitectura del sur de China durante la dinastía Ming.


Es una pena, pero todo tiene un aire de abandono y decrepitud que contrasta fuertemente con los impecables templos japoneses que llevamos vistos.


Pasamos un rato recorriendo el recinto. Dos de sus edificios han sido designados como tesoros nacionales, y la imagen de la diosa del mar, Maso, preside la sala principal.



Nos llaman la atención lo que parecen ser dos negros demonios con expresiones feroces. Esta otra figura sostiene un espejo redondo con la inclinación precisa para que se vea reflejado en él quien se acerque hasta allí.


Pero, por encima de todo, Nagasaki es tristemente famosa por haber sido la segunda ciudad víctima de una bomba atómica, el 9 de agosto de 1945, segando la vida de más de 140.000 personas, en su inmensa mayoría civiles.


De nuevo en el tranvía llegamos hasta el Museo de la Bomba Atómica y el adyacente Parque de la Paz.


Un monumento en la explanada del Parque de la Paz señala el epicentro de la explosión, ya que la bomba explotó a 500 metros de altura. También se conservan como una reliquia los restos de uno de los muros de la catedral de Urakami, destruida por la bomba.


Todo lo relativo al holocausto nuclear es el tema del museo, que recorremos hasta la hora del cierre.




Es lo bastante persuasivo como para salir de allí deseando que nunca se hubiera inventado nada tan devastador; resulta incomprensible que personas en su sano juicio estén construyendo y acumulando un arsenal de bombas que dejan aquélla al nivel de un juguete.


Volvemos a Kumamoto como llegamos, y a las 22:30 h. estamos de nuevo en el hotel.