domingo, 5 de junio de 2016

Japón 2014. Volcán Sakurajima


Desde Kumamoto, en la isla de Kyushu, también es fácil hacer una excursión a Kagoshima en el tren. Hoy el día está nublado y hay bastante calima; una pena, porque el paisaje queda apagado y grisáceo.

Kagoshima, capital de la prefectura del mismo nombre, con una población de unos 600.000 habitantes, es la mayor ciudad del sur de Kyushu. Hemos leído que está hermanada con Nápoles desde 1960, ya que guarda ciertos rasgos semejantes a la ciudad italiana: está a orillas de una bahía, goza de un clima templado y, sobre todo, tiene como peligroso "vecino" un estratovolcán, el Sakurajima, parecido al Vesubio, que se encuentra a tan sólo un par de kilómetros de la ciudad.


En la oficina turística hemos comprado los pases de transporte; el billete turístico de un día es muy conveniente: cuesta 5€ y vale para el tranvía, bus y ferry.

Nos llegamos hasta el puerto en tranvía; desde allí sale el ferry que cruza a la cercana Sakurajima; era una isla hasta 2014, cuando una gran erupción produjo las coladas de lava que ahora la unen por un itsmo al resto de Kyushu.


Desde que reanudó su actividad en 1955, las erupciones del volcán Sakurajima se han repetido cada año. En 2010 hubo más de 500; y mucho más recientemente (escribo esta entrada en junio de 2016), en febrero de 2016, hubo otra alerta importante que por fortuna no causó daños materiales en la ciudad.


Antes de emprender la subida hemos visto esta expresiva escultura. Se llama “retrato de un grito”, y conmemora un festival de música que tuvo lugar aquí en 2004; el festival tuvo mucho éxito y dejó huella, por lo que decidieron erigir este monumento como recuerdo.


La verdad es que esperábamos algo más de esta excursión. En realidad lo único que se puede hacer es tomar el autobús que bordea las faldas del volcán, parando durante unos minutos en un par de miradores. Claro que, teniendo en cuenta los cambios de humor que se gasta el volcán de vez en cuando, tampoco es raro que tomen todas las precauciones para evitar accidentes.


Este es el punto más alto que alcanza el autobús. En la explanada asfaltada, detrás de nosotros, se alza un edificio con una escalera que conduce al "mirador", unos metros por encima del suelo. Y esta es la vista más cercana que podremos obtener del volcán; la verdad es que, aún a esta distancia, parece temible, ¡y eso que hoy está tranquilo!.


Cuando nos queremos dar cuenta ya estamos de nuevo en el punto de partida, y no tardamos mucho en tomar el ferry de vuelta a la ciudad.


Aprovechamos el billete para dar un par de vueltas en el tranvía, pero tampoco hay demasiado que ver; es una ciudad moderna, de amplias avenidas y bloques de pisos, que no nos llama la atención.


Al igual que en otras ciudades japonesas, una enorme noria sobresale tras los edificios; está en los alrededores de la estación Kagoshima Chuo, en el centro comercial Amu Plaza, y tiene 91 metros de altura. Es la última imagen que nos llevamos de Kagoshima, antes de tomar el tren de vuelta a Kumamoto.