sábado, 4 de junio de 2016

Japón 2014. Nagasaki

Hace un par de días nos trasladamos más al Sur, a la isla de Kyushu. Es la tercera isla más grande del Japón, considerada como la cuna de la civilización japonesa. Su orografía es montañosa, y entre sus varios puntos de interés está el volcán activo más grande de Japón: el monte Aso, que pensamos visitar, además del volcán Sakurajima y Nagasaki.

Desde Kumamoto, donde nos hemos alojado un par de noches, es fácil llegar a Nagasaki. Hoy hacemos la excursión del día visitando esta ciudad.


Con el Shinkansen hemos tardado un par de horas. Hacemos transbordo en Shintosu, después de cambiar en Saga a un tren más rápido: un super-express que no para en todas las estaciones y al final resulta más rápido que el primero que abordamos.

A veces conviene tener un poco de paciencia y esperar un poco, en vez de abordar el primer tren que salga hacia el destino elegido; porque, aunque rápidos, algunos trenes paran en todas las estaciones y el trayecto se alarga; los más convenientes son los super-express.

El paisaje se va haciendo más bonito a medida que avanzamos; montañas cubiertas de bosque espeso, pueblos pequeños de casitas bajas, a veces una sucesión de túneles que presionan los oídos; también aparecen luminosos retazos de mar.


Nagasaki es una ciudad bulliciosa, que se extiende hacia las faldas de los montes que la rodean en barrios de casitas bajas. El centro es diferente: una sucesión de bloques de viviendas de diversos tamaños y épocas, almacenes, cables por los aires.


En la OIT de la estación compramos un pase de día para el tranvía (500 yenes/uno) para movernos fácilmente entre los puntos de interés.
Chinatown, al parecer el mayor barrio chino de Japón, se originó con la llegada de marineros y comerciantes chinos desde el siglo 15 al 19. Nagasaki era en aquella época el único puerto abierto por Japón al comercio extranjero; el resto del país permaneció cerrado para evitar las influencias occidentales y la difusión del cristianismo, hasta su apertura en 1859.


Las calle principal de Chinatown es turística, bien dotada de comercios y restaurantes; el habitual surtido de productos exóticos llena escaparates y mostradores, algunos de ellos nos llaman especialmente la atención por su delicadeza.


Hemos comido estupendamente en uno de los restaurantes chinos, el que mejor nos ha parecido. Quedamos satisfechos por 6.450 yenes, aunque a la hora de pagar hemos tenido que hacerlo en metálico porque las tarjetas no funcionaban... ¿culpa de la máquina o de una cajera desconfiada?.


Dejima, en tiempos una isla artificial en la bahía de Nagasaki, les fue concedida a los holandeses como base para sus operaciones comerciales. Para hacerse acreedores a tal concesión, en una época en que Japón estaba cerrada al resto del comercio extranjero, no dudaron en demostrar su lealtad al shōgun disparando contra los cristianos durante la rebelión Shimabara...


Actualmente, Dejima es un enclave vallado con aires de otro tiempo, donde las casas de madera de estilo europeo se han conservado para la visita turística. Como tenemos otras prioridades para las pocas horas disponibles solamente les echamos una mirada desde el exterior.


El templo chino Sofuku-ji tiene una bonita puerta exterior, varios pabellones en torno a un patio y algunos rincones con tumbas. La puerta de entrada de color rojo y otras estructuras en los recintos son raros ejemplos de la arquitectura del sur de China durante la dinastía Ming.


Es una pena, pero todo tiene un aire de abandono y decrepitud que contrasta fuertemente con los impecables templos japoneses que llevamos vistos.


Pasamos un rato recorriendo el recinto. Dos de sus edificios han sido designados como tesoros nacionales, y la imagen de la diosa del mar, Maso, preside la sala principal.



Nos llaman la atención lo que parecen ser dos negros demonios con expresiones feroces. Esta otra figura sostiene un espejo redondo con la inclinación precisa para que se vea reflejado en él quien se acerque hasta allí.


Pero, por encima de todo, Nagasaki es tristemente famosa por haber sido la segunda ciudad víctima de una bomba atómica, el 9 de agosto de 1945, segando la vida de más de 140.000 personas, en su inmensa mayoría civiles.


De nuevo en el tranvía llegamos hasta el Museo de la Bomba Atómica y el adyacente Parque de la Paz.


Un monumento en la explanada del Parque de la Paz señala el epicentro de la explosión, ya que la bomba explotó a 500 metros de altura. También se conservan como una reliquia los restos de uno de los muros de la catedral de Urakami, destruida por la bomba.


Todo lo relativo al holocausto nuclear es el tema del museo, que recorremos hasta la hora del cierre.




Es lo bastante persuasivo como para salir de allí deseando que nunca se hubiera inventado nada tan devastador; resulta incomprensible que personas en su sano juicio estén construyendo y acumulando un arsenal de bombas que dejan aquélla al nivel de un juguete.


Volvemos a Kumamoto como llegamos, y a las 22:30 h. estamos de nuevo en el hotel.