jueves, 29 de enero de 2015

Japón 2014. Kanazawa 2


Kanazawa goza del privilegio de albergar en su municipio uno de los tres jardines más hermosos de todo Japón.
Pero, ¿cómo elegir tres de entre los muchos que tiene un país tan amante de jardines y flores?; cuyos habitantes, extasiados ante el más pequeño rincón verde, hacen docenas de fotos de cualquier flor que se les ponga por delante y aprovechan el más mínimo espacio para crear pequeños huertos y jardines incluso en las azoteas de los altos edificios de la ciudad...




Hace siglos que los japoneses vienen cultivando con mimo el arte de la jardinería, reinterpretando la Naturaleza para crear escenarios llenos de belleza; paisajes grandes o pequeños, capaces de transmitir sutiles sensaciones al espectador entendido. Son creaciones elaboradas, donde nada se deja al azar; y han decidido que, para que el jardín sea perfecto, debe reunir seis requisitos esenciales.

El jardín Kenrokuen , cuyo nombre significa lo que se podría traducir como "poseedor de seis atributos sublimes", los tiene todos; gracias a ello también es considerado Sitio Nacional de Belleza Escénica Especial desde 1985.




Es espacioso. 11,4 hectáreas de espacio, para ser exactos; con una red de amplios senderos que permiten visitarlo cómodamente. La familia Maeda, el clan dominante en la zona en época feudal, empezó a construirlo como jardín privado de su Castillo en el siglo XVII, enriqueciéndolo y cuidando del lugar con mimo durante generaciones. No sería un espacio público hasta 1871.




Es aisladotranquilo. Un auténtico oasis de paz en el corazón de la ciudad moderna. En el pabellón llamado Shigure-tei, una bonita casa de madera y paneles de papel de arroz, se puede hacer un alto para participar en la ceremonia del té o, simplemente, descansar del paseo admirando las vistas.




Es antiguo. No solamente el jardín en sí mismo; también lo son algunos magníficos ejemplares de árboles, cuyas ramas llegan a extenderse en un radio tan amplio que son necesarios los postes de apoyo para que no acaben rompiéndose, sobre todo con las nevadas invernales.




Es artificial. Con ese artificio que consiste en reinterpretar los paisajes "naturales" con sutileza, dotándolos de simbolismo y sofisticación.




Tiene abundancia de agua. Además de los canales hay un lago: el Kasumigaike, que ocupa la parte central del jardín y tiene incluso una frondosa isla con árboles.




Existe también una fuente: Funsui, la más antigua de Japón, cuyo surtidor se eleva un máximo de tres metros y medio por la diferente altura entre su lago de origen y los terrenos del jardín.




Por último, los panoramas. Hermosas vistas las encontramos en todo el recinto, se mire hacia donde se mire es un requisito que cumple con holgura.




Completan el cuadro otros detalles: puentes, pequeñas colinas cubiertas de vegetación, linternas de piedra, la estatua de un héroe legendario: Yamato Takeru...




También una mansión tradicional del s. XVII, cuya visita debe de ser interesante pero que hoy hemos encontrado cerrada. Un último vistazo desde la orilla del lago y con esto damos por terminada la visita. Nos ha gustado mucho este jardín.




Al salir a la calle hemos pasado junto al puente de acceso al Castillo de Kanazawa, que dejaremos para otra ocasión porque la tarde está muy avanzada y todavía queremos echar un vistazo al Higashi Chaya, el "distrito de las geishas".




Un vistazo muy de pasada, realmente. Resulta bastante diferente al barrio de Gion, en Kioto, mucho más concurrido y bullicioso; aquí todo se ve muy solitario y apenas nos cruzamos con algún transeúnte, aunque he leído que hay okiyas y casas de té interesantes y abiertas a la visita. Lo más llamativo es la calle principal, tan pintoresca por el estilo uniforme de sus casas de madera oscura; el escenario adecuado para una película de época.




Las farolas ya se han encendido y va siendo hora de pensar en volver a la estación. Nos esperan un par de horas de tren y un paseo hasta el hotel en Kioto.