martes, 3 de abril de 2012

U.S.A. 1992: Siguiendo ruta. Idaho y Utah


Seguíamos en Wyoming cuando entramos en el P. N. Grand Tetons: una barrera de preciosas montañas, aunque aquel día parecía un paisaje más propio de El Señor de los Anillos a causa de las negras nubes que cubrían el cielo.

Acampamos en el área de Jackson Hole, y pasamos un buen rato en el Centro de Visitantes, viendo una interesante exposición acerca de los indios que habitaron aquéllos parajes. Teníamos la esperanza de que el tiempo nos permitiera dar un paseo por allí; pero solamente pudimos acercarnos hasta el lago en la corta tregua que nos concedió la continua lluvia que estuvo cayendo día y noche. Y como la previsión meteorológica se mantenía en el mismo tono para los días siguientes decidimos seguir ruta hasta entrar en Idaho.

El paisaje iba ganando aridez, transformándose en un desierto de viejas lavas y matorral bajo. Con la puesta de sol llegábamos al Craters of the Moon National Monument: sobre el terreno de lava y cenizas oscuras contrastaban algunas tiendas de colores, y allí nos instalamos nosotros también: un área de acampada de las más tranquilas que llevábamos recorridas, donde dormimos estupendamente.

* Aquí puedes ver el mapa del Monumento.




Pasamos el siguiente día bajo un sol de justicia recorriendo los campos de lava, explorando los tubos volcánicos, y subiendo por las negras pendientes de ceniza del Inferno Cone y de algún otro cráter. El interior de los hornos tenía sorprendentes texturas y colores.

Como curiosidad apunto que aquí se estuvieron entrenando los astronautas del programa Apolo: aprendiendo cómo buscar y recoger muestras de roca en un terreno que, pensaban, debía ser similar al que iban a encontrar en la Luna. Y aunque más tarde pudieron comprobar que los cráteres lunares, formados por el impacto de meteoritos, diferían bastante de éstos de origen volcánico, al menos les sirvió para aprender a manejarse en un terreno tan difícil e irregular.




Cambiamos de Estado entrando en Utah, colonizado por los mormones en 1.847; allí encontraron la "tierra prometida" que andaban buscando: un lugar apartado en el que poder practicar libremente su religión sin la interferencia de sus vecinos. Son tierras desérticas, y precisamente por ello nadie se las disputó; así pudieron fundar su capital: Salt Lake City, una gran ciudad con altos edificios en el centro, barrios de casitas bajas alrededor y las correspondientes zonas comerciales; como todas las de Estados Unidos, sólo que allí la gran mayoría de la población pertenece a la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días.

El corazón de todo el conjunto estaba en Temple Square, una enorme plaza con algunos de los edificios más representativos de los mormones: el Templo, una suerte de catedral de granito de aspecto nuevo y rectilíneo; el Tabernáculo, cuya finalidad parecía ser albergar los actos multitudinarios y cantos corales por su magníficas condiciones acústicas; un enorme Centro de Visitantes; y una pequeña iglesia de aspecto antiguo y más amable. Todo el conjunto rodeado de estupendos jardines floridos por los que deambulaban turistas y mormones; éstos fácilmente reconocibles por vestir todos ellos de traje, y muy arregladitas ellas; y por ser los únicos que podían acceder al Templo. La tienda de artesanía típica exhibía una colección de pañitos, colchas de retales y muñecos de trapo.

Después de una parada en Vernal para visitar la colección de minerales, animales de la zona y huesos de dinosaurio que albergaba el museo, nos llegamos hasta Dinosaur National Monument. Básicamente se trataba de una zona desértica de formaciones rocosas hendidas por cañones, de aspecto salvaje, que forman parte de la Split Mountain.

* Aquí puedes ver los mapas de la zona Este y Oeste del Monumento.

El interés del lugar residía en su magnífica cantera de huesos de dinosaurios, de la que llevaban extraídos varios miles y que seguía en activo. Una gran instalación mantenía a cubierto toda una zona de estratos en los que los paleontólogos seguían trabajando cada día, con los esqueletos de aquellos impresionantes animales emergiendo poco a poco de las paredes de roca; en su interior, además de la excavación y los laboratorios, había una exposición muy didáctica e interesante en la que nos entretuvimos un buen rato.




También dimos varios paseos por los cañones, encontrando algún rincón sorprendentemente verde y frondoso en medio de la aridez. En ese rincón de la foto superior había vivido en un rancho durante cincuenta años una mujer llamada Josie Morris; todo un carácter, casada cinco veces y divorciada cuatro, juzgada por robo de ganado a los 60 años, que destilaba alcohol a partir de frutas y bayas durante la Ley Seca... En 1.960, ya con 89 años, una caída en el hielo con rotura de cadera acabó con su vida un año después. El fondo de ese cañón sin salida le servía para guardar el ganado.




Los indios Fremont aprovecharon la superficie de las paredes de arenisca para dejar su huella en forma de animales y figuras humanas de curiosas formas trapezoidales, petroglifos que consiguieron rascando la superficie oscura de los óxidos de hierro y manganeso que las recubren.

Una carretera escénica con miradores facilitaba el recorrido para echar un vistazo a los cañones que formaban los ríos Yampa y Green; un pequeño sendero conducía hasta el punto de vista sobre Whirlpool Canyon, donde se juntaban ambos ríos. En aquel paisaje agreste y rocoso, que los estratos plegados en todas direcciones convertían en un auténtico laberinto de roca, incluso los árboles participaban de ese carácter agreste con sus formas retorcidas y cortezas fibrosas, muchos de ellos secos y caídos.

Aquella noche hicimos muchos kilómetros buscando un camping donde recalar, atravesando campos petrolíferos de aspecto fantasmal y bastante malolientes, hasta alcanzar nuestra siguiente parada: Colorado National Monument.