miércoles, 25 de enero de 2012

U.S.A. 1992: Lava Beds N. M.


Después de atravesar el Bosque Nacional Modoc, entramos en otra zona de especial protección: el Monumento Nacional de los Campos de Lava, en el Norte de California, a un paso del límite fronterizo de Oregón.

* Para obtener una vista del lugar a través de la webcam del Servicio de Parques Nacionales de U.S.A., puedes pinchar en Vista actual de Lava Beds.




La información del Centro de Visitantes nos hizo saber que la zona está formada por las sucesivas coladas de lava vertidas por el Mammoth Crater hace 30.000 años; y su principal interés son los tubos volcánicos, y las cuevas (más de 200) abiertas al desplomarse el techo de aquéllos. Además de conos de cenizas, coladas de lava Pahoehoe (transitable, más o menos lisa) y Aa (sólo apta para faquires), estratovolcanes, chimeneas...

Montamos la tienda en la zona de acampada; unas cuantas sabinas proporcionaban la sombra necesaria, y disfrutamos del privilegio de tener una fuente muy cercana para mitigar la ausencia de duchas. En aquel terreno árido y seco, un punto de agua suponía un lujo que no éramos los únicos en apreciar: los ciervos también se lo sabían y acabamos haciendo buenas amistades con los que venían por allí.




Los rangers del Visitor Center proporcionaban, gratuitamente, unas grandes linternas a quien lo solicitaba. Con ellas pasamos tres días de cueva en cueva; algunas nos parecieron más interesantes que otras, aunque todas tenían una agradable característica en común: el fresquito que reinaba en su interior.




Skull Cave, una de las primeras que vimos, era un túnel inmenso; sorprende que en sus profundidades el piso sea de hielo.

No tan agradable fue la sorpresa que nos aguardaba a la entrada de la Big Painted Cave: enroscada en un hueco de la roca, justo al lado de la escalera, una serpiente de cascabel nos observaba con suspicacia; pero con precaución y manteniendo toda la distancia posible conseguimos entrar sin problemas.




El caso es que en el folleto informativo que nos habían dado ya avisaba de que las serpientes de cascabel eran parte de la fauna local, protegidas por ser parte importante del ecosistema; y como precaución a tomar: no poner manos o pies donde no debas..., un buen consejo para la superficie, con todo iluminado por la luz del sol, pero en aquéllos recovecos la cosa no estaba "tan clara".




Por suerte no todos los habitantes de Lava Beds eran tan inquietantes. Los pikas (Ochotona princeps), roedores amantes del frío que normalmente sólo viven en alta montaña, sobreviven en esta zona tan cálida gracias al fresco refugio que les brindan los tubos de lava; son animales muy graciosos, con la curiosa costumbre de acumular en sus nidos todo lo que van encontrando en su camino.




Entre las cuevas más vistosas recuerdo la Golden Dome Cave, con algunas zonas del techo en extraños colores casi dorados; tenía pequeñas estalactitas picudas formadas por las gotas de lava al enfriarse, que evocaban la piel espinosa de algún monstruo prehistórico, pero también diminutas formaciones delicadas como filigrana.

Blue Grotto era laberíntica, con un montón de salidas. Catacombs Cave tenía túneles de sección casi circular, que me recordaban al "tube" de Londres más que a las catacumbas de Roma. Lava Brooks Cave, con una gatera-puente que había que atravesar con cuidado para no dejarse la espalda o las rodillas en las puntas de lava, tenía otra salida por Labyrinth Cave. Sunshine Cave dejaba pasar los rayos del sol a través de varias "ventanas", pintando cuadros de luz y color en la oscuridad del túnel.




Y la Hopkins Chocolate Cave, que efectivamente tenía vetas de un color y textura que recordaban al chocolate. Las fotos que he incluído pueden no corresponderse con las que he descrito, ya que no iba apuntando los datos de cada toma, pero todas son de allí y dan una idea del lugar.

Un atardecer también subimos a lo alto del Black Crater para contemplar desde allí la puesta de sol. Su caldera de bordes quebrados y lava crujiente, con tres aberturas, me hacía recordar otros cráteres vistos en Islandia.




La última tarde nos acercamos hasta el campo de batalla Thomas Wright.

Todo este lugar estuvo habitado durante siglos por los indios Modoc, que vivían felizmente de sus recursos naturales hasta que aparecieron los primeros colonos blancos en 1850. Durante catorce años hubo conflictos y luchas sangrientas que acabaron, como en el resto de Norteamérica, con el desplazamiento de los indios a zonas "de reserva" donde se vieron obligados a convivir con los que antes fueron sus enemigos. Descontentos, los Modoc acabaron volviendo a sus tierras y enfrentándose a los invasores hasta que, en 1872, el ejército recibió la orden de expulsarlos de allí por la fuerza si era preciso.

Al abrigo de aquel laberinto de lavas que conocían tan bien, los indios resultaron un bocado indigesto para el U.S. army, manteniendo en jaque con 52 guerreros a una fuerza 20 veces superior (textual en la info). Y aunque al cabo casi todos fueron capturados y su jefe, el Capitán Jack, terminó sus días ahorcado junto con otros cabecillas, su historia ha quedado escrita y los descendientes de aquellos indios se reúnen aquí para conmemorarla.

Nuestra visita, casualmente, había coincidido con una de sus celebraciones; en la oscuridad de la noche y a la luz de la hoguera llegaban hasta nosotros los cantos y el golpear rítmico de tambores, y podíamos imaginar sin esfuerzo que habíamos retrocedido en el tiempo y formábamos parte de aquella historia...




En el antiguo campo de batalla, la luz del atardecer teñía de tonos cálidos las hierbas amarillas y los matorrales, las lavas oscuras y los conos de cenizas. Desde un mirador se podía contemplar la explanada donde cayeron muchos soldados americanos, sorprendidos por los indios Modoc a causa de un error de los primeros y a pesar de doblarles en número. Un panel explicaba el hecho de forma muy didáctica, como se usaba por allí; pero lo que realmente nos llamó la atención fueron las palabras atribuídas al jefe indio una vez terminada la escaramuza:

"Los soldados que no hayan muerto es mejor que se vayan a su casa. No queremos matarlos a todos hoy..."