viernes, 13 de febrero de 2015

Japón 2014. Kioto: Arashiyama


Hoy os quiero hablar de una zona de Kioto, quizás no tan visitada como las grandes atracciones por los turistas apresurados, pero bien conocida por los japoneses.




Arashiyama es un distrito al pie de las colinas en la parte noroeste de Kioto, popular desde el siglo XVIII entre los nobles japoneses por la belleza de su entorno natural. La primavera atrae a los turistas por la floración de los cerezos, los meses de verano se practica la pesca tradicional con cormoranes en el río Hozu, el otoño viste de brillantes colores el bosque y los jardines, y en diciembre se iluminan con linternas las calles por la fiesta de Hanatoro... Nosotros no coincidimos con ninguno de esos momentos "estrella", así que para la próxima visita tendremos que ajustar mejor las fechas; y dedicarle bastante más que una tarde, porque apenas hemos visto un par de cosas.




Nos hemos acercado hasta allí en tren, principalmente para ver el bosque de bambú. Habíamos comido poco antes en un restaurante de Kioto, y como íbamos un poco aletargados (la hora de la siesta, ya se sabe...) he salido del vagón dejándome la mochila en el portaequipajes...; cuando he querido reaccionar ya el tren seguía su ruta.
En cualquier otro país no hubiera apostado nada por su recuperación; excepto la cámara y el pasaporte, todo el resto de trastos que acarreo normalmente de acá para allá se había quedado en la dichosa mochila. Pero viendo cómo se comportan a diario los japoneses, con la honradez que es norma general en este país, estaba segura de que no tardaría mucho en tenerla de nuevo conmigo. Y así ha sido; después de acudir a la oficina de la estación, enseñar el pasaporte y describir la mochila sólo ha sido cuestión de unos minutos recibir la noticia de que podíamos recogerla en la siguiente estación: Kameoka. Intacta.




De vuelta en Arashiyama caminamos un poco desorientados hasta dejar atrás la zona urbana y encontrar, casi por casualidad, el Bosque de bambú. Sinceramente tengo que decir que las fotos vistas y la realidad son cosas diferentes; el bosque idílico y solitario de ambiente romántico y algo misterioso se ha transformado en un camino vallado entre altas cañas de bambú (eso sí) y algunos árboles de otras variedades, por donde pasean grupos de caminantes y ciclistas en distendido ambiente de parque familiar.




De todas formas es un lugar agradable y disfrutamos del paseo, descansando luego en un claro del bosque equipado con bancos; incluso en este apartado rincón hay un bloque de servicios limpio y completo. Volvemos caminando por la bonita orilla del río, donde algunos pescadores echan sus cañas; y al entrar de nuevo en el pueblo por las calles solitarias y ajardinadas de esta zona hemos pasado por algunos rincones curiosos. Un jardín "habitado" por docenas de estatuas de piedra, que al parecer son representaciones de Buda...




... y en una esquina este jardín zen de gravilla blanca y rocas, con ese curioso monumento en el que nos llama la atención la representación de un submarino antiguo que parece haber estado en otro tiempo dentro del recinto vallado;




 es una pena no saber interpretar las inscripciones para enterarnos de la historia que sin duda encierra.




Por último llegamos al templo Tenryuji, uno de los cinco grandes templos zen de Kioto y Patrimonio de la Humanidad. Ya todos los visitantes han desaparecido, porque la tarde está avanzada y el templo ya ha cerrado; gracias a ello podemos pasear por el recinto disfrutando del ambiente tranquilo del lugar y de la bonita arquitectura de los pabellones.




Son curiosas las piezas de cerámica que adornan los preciosos tejados; parecen dragones y por sus expresiones deben cumplir la misión de espantar a los malos espíritus y defender el templo.




Con las últimas luces del día volvemos a la estación del tren, y en poco rato estamos de nuevo en Higashiyama, "nuestro barrio" de Kioto. Mañana será otro día.