miércoles, 29 de agosto de 2012

U.S.A. 1992: Natural Bridges N.M.


El día había amanecido desapacible, pero se agradecía la temperatura fresca; no tanto el viento, que arrastraba ráfagas de arena.

Llegamos al Monumento Natural de Natural Bridges a la hora de comer, y paramos en el Centro de Visitantes el tiempo justo para recoger el mapa del lugar. En él se aprecia que la carretera circular permite hacer un recorrido para ver el White Canyon y los tres puentes de roca que dan nombre a este Parque. Agua y viento han sido los escultores de la roca arenisca, creando estas estructuras naturales.

El primero que visitamos fue Sipapu Bridge. Los nombres de las tres formaciones provienen de los indios Hopi, antíguos habitantes del lugar; Sipapu viene a significar "lugar de salida", ya que en sus tradiciones era ésta la puerta que usaban sus espíritus ancestrales para visitar este mundo.




Mientras descendíamos los 160 metros hasta el fondo del cañón, las nubes negras que poco antes habían estado soltando agua parecieron evaporarse, dando paso a un sol espléndido; realmente demasiado espléndido... De pronto volvía a hacer calor. Desde abajo la vista era mucho más impresionante que desde la carretera.




 El segundo, Kachina Bridge, tenía unos petroglifos medio borrados en uno de sus lados, y gran cantidad de arena debajo. Las Kachina son muñecas ceremoniales que representan a espíritus enmascarados; algunos de los símbolos empleados en su adorno se veían también reflejados en aquéllos petroglifos, y de ahí el nombre dado a este puente de roca.

Como testimonio de que el proceso erosivo sigue en marcha, un montón de rocas se amontonaban a un lado: 4.000 toneladas, según datos oficiales, desprendidas del puente un par de meses antes de nuestra visita.


    




 Owochomo Bridge, el último de la serie, era el más estilizado de los tres. El nombre hace referencia a un relieve rocoso que tiene encima de uno de sus extremos.

Esa noche acampamos en la orilla del Lago Powell.

En medio de un paisaje desértico de cañones de roca blanca, roja y marrón, las aguas embalsadas del río Colorado parecían fuera de lugar; pero allí estaba, preparado para que los visitantes pudieran aprovecharlo paseando en barcas de motor y casas flotantes en la zona recreativa de Glen Canyon. Se podía acampar por libre, así que allí instalamos nuestra tienda, hicimos una hoguera aprovechando el montón de madera seca depositada por el río, y asamos unas lonchas de bacon, que nos supieron a gloria a la luz de la luna.