jueves, 1 de marzo de 2012

U.S.A. 1992: Olympic N. P.


El Parque Nacional Olympic, en el Noroeste de Washington, fue uno de los más interesantes que visitamos. Dentro de sus límites se han protegido tres ecosistemas bien diferentes: montaña, costa y bosque húmedo lluvioso; esa variedad, junto con su localización en una apartada península de los confines del país, es uno de sus grandes atractivos.




La zona de montaña tiene su cota más alta en el monte Olympus (2.428 m.); en las cumbres de la parte Oeste nieva mucho durante el invierno y se pueden ver glaciares, mientras que hacia el Este el terreno se va haciendo más seco.

* Puedes ver en este enlace una imagen actualizada de la zona de Hurricane Ridge, a través de la webcam del Servicio de Parques Nacionales de U.S.A.

Acampamos el primer día en Heart O´ the Hills, y nos acercamos hasta Hurricane Ridge; desde allí se podía ver el macizo montañoso central como decorado de fondo, y al otro lado el estrecho de Juan de Fuca. Cuando el tiempo está despejado es posible ver también la costa canadiense, pero en aquel momento las nubes tapaban el horizonte.

Subimos la Hurricane Hill, por un sendero bordeado de flores; el terreno, más bien pelado, descendía empinadísimo hasta el fondo del valle. Por el camino vimos urogallos de color pardo (Sooty grouse: Dendragapus fuliginosus), escondidos entre las hierbas; uno de ellos "bañándose" en la arena con entusiasmo. Los omnipresentes chipmunk, similares a las ardillas listadas pero más pequeños, aparecían y desaparecían a cada momento con movimientos nerviosos.




Al día siguiente hicimos el recorrido hasta Soleduc. Primera parada en el lago Crescent, al que antiguamente los indios no se acercaban por creerlo habitado por espíritus; los americanos, más prácticos, lo convirtieron después en lugar de recreo y vacaciones.

Un sendero nos llevó hasta Merymere Falls, una cascada alta y fina en la espesura del bosque húmedo de aquella zona. Las fuentes calientes de Sol Duc, conocidas por los indios, pasaron al dominio público cuando uno de ellos hizo partícipe del lugar y sus propiedades medicinales a un blanco; poco después se construía allí un balneario al que los americanos empezaron a acudir en tropel: las fotos antiguas muestran largas filas de coches llenos de gente deseosa de "tomar las aguas". Aunque el balneario acabó siendo destruido por un incendio, en su lugar se construyeron unas piscinas que, al parecer, son igualmente populares en la actualidad.

El segundo ecosistema de Olympic: la costa, nos llamó la atención más que la montaña. España es un país montañoso y glaciares se pueden ver en los Alpes, pero una costa tan salvaje y solitaria como aquella no la habíamos visto hasta ese momento.

Neah Bay era el centro de una pequeña reserva de los indios Makah. Allí rompían las olas del Pacífico en una espectacular extensión de arena gris salpicada de rocas e islotes agrestes, algunos de ellos coronados por frondosos bosques en miniatura. En Shi Shi Beach la marea baja había dejado cantidad de pequeños estanques entre las rocas, y en su interior se agrupaban colonias de diminutos percebes y mejillones, estrellas de mar de color naranja y hermosas anémonas de un verde casi fosforescente. Incomprensiblemente, alguien se había entretenido en dejar un pésimo "recuerdo" pintando en las rocas...




En Ozette hicimos el Loop Trail de 14 km. que recorre tanto bosque como costa y permite hacerse una idea muy completa del ecosistema costero.

La primera parte: Ozette - cabo Alava, transcurria a través de un espeso bosque húmedo con zonas pantanosas, que sólo se abría ligeramente cuando una senda pisada por los animales cruzaba el camino. Lo más sorprendente era la pasarela continua de madera de cedro de Alaska construida a través del bosque, extendiéndose a lo largo de todo el recorrido; la madera tenía un olor especial y agradable, intensificado por la humedad del ambiente. Por el camino se atravesaba la pradera de Ahlstrom, un lugar cubierto de altas hierbas enmarañadas y grupos de árboles, donde vivió durante años el ciudadano sueco que le dio nombre.

El bosque llegaba hasta la misma costa, abriéndose en una extensión de arena gris y guijarros cubierta en gran parte de troncos secos, arrastrados por el río Hoh e incluso por el río Columbia y depositados en las playas por el viento y las olas.

Habíamos leído que había un par de pasos peligrosos en este tramo cuando subía la marea, y la teníamos ya encima; pero varios caminos laterales, empinados y todavía secos, permitían salvar la dificultad.




El tramo de 4.8 km. por la costa era bastante fatigoso por la arena de gravilla, así que terminamos caminando sobre los troncos para hacerlo más cómodamente. Había miles de ellos, blanqueados y pulidos por los elementos; algunos tenían formas retorcidas que evocaban extraños seres fantasmales, otros presentaban curiosas texturas, y en varios se apreciaba claramente su primitiva función de mástiles o tablazón de barcos ya hundidos.




En una zona de rocas: Wedding Rocks, se podían ver algunos petroglifos con figuras de peces y caras; se creían hechos por los indios de un asentamiento que estaba siendo excavado en aquellos días, cerca del cabo Alava.




Cerca de Sand Point se terminaba el tramo costero y empezaba otro sendero de tablas para regresar al punto de partida a través del bosque; en esta zona había gente acampada por los rincones y en la playa, lo curioso era no haber visto a nadie en todo el recorrido anterior.

La luz empezaba a escasear cuando emprendimos este último sendero, y llegamos al camping ya de noche. En este paseo no llegamos a ver animales; nada de pumas, a pesar del cartel de aviso en el tablero de la entrada... De vez en cuando oíamos la "risa" característica de las ardillas de Douglas, y se podían ver huellas de ciervos o wapitíes marcadas en alguna zona de barro; también cierta cantidad de excrementos de algún depredador de cangrejos y huevos, quizás mapaches. Aquél fue uno de los recorridos de los que guardo mejor recuerdo.

En Rialto Beach, que también visitamos, había un puente natural en una punta rocosa y abundantes estrellas y anémonas en las charcas.




Temperate Rain Forest: bosque húmedo templado, principalmente de coníferas como cedros y abetos. El nombre explica perfectamente cómo era este tercer ecosistema en cuanto a climatología, pero había que pasear por allí dentro para disfrutarlo: largas cortinas de musgos colgando de las ramas, helechos llenando cada rincón, árboles caídos sirviendo de base y de alimento a otros nuevos que  iban creciendo encima de ellos, pequeñas corrientes de agua transparente como el cristal, una mágica luz verde envolviéndolo todo en un ambiente de cuento... Y una humedad eterna impregnándolo todo, aire y suelo, renovada por chaparrones intermitentes más o menos intensos.

El camping de Hoh Rain Forest nos recibió con una lluvia muy adecuada a su nombre; tardamos un rato en decidirnos a salir del coche y plantar la tienda. Habíamos leído que era posiblemente la zona más húmeda de todo Estados Unidos continental, con unos 380 cm. de precipitación anual, sólo superada por la isla de Kauai; y debía de ser verdad.

En esa zona recorrimos los dos senderos más cortos: Mosses Hall Trail: que permitía visitar la zona más antigua del bosque, y Spruce Trail: con una variada muestra de las plantas autóctonas. Aunque la última parte la hicimos bajo la lluvia, la temperatura no era desagradable; fue aquélla la zona de Olympic N. P. que más me gustó.

Como siempre, abandonamos el Parque con pena. Pero quedaban por delante muchas millas de carretera llenas de paisajes por descubrir...