viernes, 30 de diciembre de 2011

Marruecos 1.985 (10): Despedida y cierre


El sábado 4 de enero nos despertamos ya descansados y contentos porque, a pesar de todos nuestros temores, no habíamos encontrado "habitantes" indeseables en la cama. Y seguía lloviendo, ¡caramba con Marruecos, nunca lo hubiera pensado!.

Meknés es una de las cuatro Ciudades Imperiales del país, fundada por los bereberes y su capital en otro tiempo. Actualmente es el centro agrícola y comercial de la zona, además de industrial, y esto la convierte en una ciudad con mucho movimiento de gentes que van y vienen. Pasamos la mañana dando una vuelta por la medina, rodeada de murallas, a la que se accede por unas vistosas puertas monumentales: Bab Anouar y Bab Mansour. La zona comercial es más pequeña y moderna que la de Fez; pero a cambio visitamos el Palacio del sultán Muley Ismail, que debió ser enorme porque sus ruinas aún resultaban impresionantes.

Por la tarde seguimos hasta Fez, y cuando estábamos sentados en una terraza contemplando el trasiego cotidiano se nos "agregó" Mustafá, 18 años, que decía trabajar para una compañía de seguros. Aunque en principio temimos que sólo fuera un acercamiento con vistas a guiarnos al día siguiente por la medina, acabamos charlando amigablemente de sus planes para el futuro: casarse con alguna extranjera, preferiblemente suiza, obtener esa nacionalidad y marcharse allí a trabajar: el sueño de muchos jóvenes marroquíes. Declinamos su amable invitación a comer cous cous en su casa, pero quedamos para vernos el día siguiente.

El domingo 5 conseguimos entrar a la medina sin guía, pues a esas alturas teníamos ya hecho el "cursillo" de cómo evitarlos después de practicar durante todo el viaje. Era el momento de las compras, así que lo pasamos regateando de puesto en puesto para hacernos con los consabidos recuerdos y regalos que nos llevaríamos de vuelta a casa: teteras, platos de cobre, cacharritos de cerámica, puffs, espejos... Acabamos exhaustos, al menos yo, y nos recuperamos con unos keftas y "kahua halib" (café con leche).

También volvimos a encontrarnos con Mustafá, esta vez acompañado de otros dos amigos de su edad: Hassan y Jaffar. Después de cenar en lo más parecido a un pub que habíamos encontrado hasta entonces, acabamos pasando un rato en casa de este último; escuchamos música árabe de un grupo moderno que sonaba muy bien, y nos reímos mucho con la mezcla de francés, ingles y español que tuvimos que poner en juego para entendernos. Por último nos acompañaron hasta el camping y les regalamos unas cassettes de música española para corresponder a la que ellos nos habían regalado antes.

Lunes 6 de enero y tocaba emprender la vuelta a España sin más demora. Pero al ir a poner el coche en marcha nos encontramos con que la batería había pasado a mejor vida... Ni cables ni empujones: un vaso parecía estar comunicado y la única solución era comprar una nueva.

Pasamos las siguientes horas recorriendo tiendas de repuestos, pero todas las baterías eran demasiado grandes para el R5; por fín vimos una que podría valer, tomamos las medidas, volvimos al camping y comprobamos que había suficiente hueco, volvimos a la tienda... pero ya estaba cerrada, y también los bancos. Cuando conseguimos volver con la batería, montarla y arrancar sin problemas, se nos había pasado casi todo el día.

Con gran retraso sobre el horario previsto, cogimos carretera y no paramos hasta Tetuán. Allí cenamos unos bocadillos en un bar; los demás clientes, que se habían dado cuenta de que éramos españoles, hicieron todo lo posible para comunicarnos que conocían algo de allí y que sentían aprecio por nosotros; un detalle muy agradable que nos dejó buen recuerdo de aquella bonita ciudad, hasta hace poco también española.

Ceuta apareció al remontar una cuesta, como un gran campo de luces tendido junto al mar; mientras bajábamos, la lengua francesa y los ritmos árabes de la radio fueron extinguiéndose entre interferencias, dando paso a otros sonidos más familiares a nuestros oídos. En aquel momento sentimos que decíamos adiós a Marruecos.