martes, 22 de noviembre de 2011

Al volver la vista atrás...

Hace ya unos cuantos años que hicimos nuestro primer viaje juntos: en 1.985 nada menos.

Aquéllas Navidades decidimos pasarlas de una forma diferente; teníamos más de dos semanas por delante, algo de dinero, un Renault 5 y una tienda de campaña: lo suficiente para llegarnos hasta Marruecos y darnos una buena vuelta por su geografía.

Todavía recuerdo el momento en que, después del obligado papeleo, atravesamos la frontera por Ceuta y paramos a comprar unas mandarinas en el primer mercadillo del camino: al bajar del coche nos encontramos de pronto sumergidos en otro mundo bien diferente a nuestro cotidiano entorno: la gente, los vestidos, el idioma, los olores... A partir de aquel momento pasamos los días de una ciudad a otra, de un paisaje al siguiente. Hablamos con la gente, paseamos por las abigarradas medinas y regateamos con los vendedores, saboreamos los especiados keftas y el té con hierbabuena, esquivamos a los monos del bosque de Ifrane y nos reímos viendo a las cabras subirse por las ramas de las arganias, dormimos en un oasis y buscamos fósiles entre las piedras pulidas por el viento del desierto, bebimos zumo de mandarinas recién exprimidas en la Yemaa y deambulamos entre los puestos del mercadillo nocturno, "rescatamos" a los ocupantes de un camión volcado y un autobús se nos llevó por delante un retrovisor al cruzar un puente, subimos a los fríos puertos del Atlas y contemplamos las estrellas sentados sobre una duna. Vivimos el viaje...

Desde entonces se han sucedido los años y otros viajes, más o menos largos, más o menos exóticos, se han ido sumando a aquél; pero aquélla primera impresión nunca se ha borrado, ni la fascinación de lo que entonces me pareció toda una aventura.

Y ahora que mi cabeza está llena de recuerdos, y mi armario de diarios que he ido escribiendo religiosamente a lo largo de cada viaje, voy a aprovechar esta oportunidad que me brindan las nuevas tecnologías para airearlos un poco y extenderlos ante mis ojos (y ante los de quien quiera pasarse por esta página, que será bienvenido) de una forma que nunca soñé poder hacerlo.

Vivimos en un mundo fascinante, de maravillosos paisajes naturales y sorprendentes obras construídas por el hombre, con hermosos animales y plantas que merecen todo nuestro interés y nuestro cuidado para que sigan estando ahí. Viajar es vivir, aprender, sentir. No es necesario gastar grandes sumas ni meterse en aventuras arriesgadas, si no se desea. El viaje es, principalmente, una experiencia interior y personal, que nos ayuda a comprender lo que somos y dónde estamos.

Si tienes curiosidad por saber dónde hemos estado y lo que hemos visto, puedes entrar en la página especial de Viajes